Imagina a un niño de 2 años jugando con sus juguetes y materiales. Imagina ahora un aula con 10 niños jugando. ¿Que imagen viene atu mente?

Las expectativas suelen ser que los niños pequeños son desordenados y desorganizados.

Creo que quedarías cautivado si vieras a un pequeño niño que trabaja independientemente en un material, luego se levanta y lo deja en su sitio antes de seleccinar otro. ¿Lo puedes imaginar? Pues bien, esto es muy habitual en un aula Montessori.

A través de los principios Montessori se ayuda al niño a aprender a guardar sus juguetes y materiaes despues de cada uso, recoger su plato después de comer, o simplemente aprender a cambiar de un espacio a otro si se da el caso de que han encontrado algo de su interés.

Hay 5 claves que puedes aplicar en casa, para trabajar al estilo Montessori:

ORDEN: Si es posible, desde el nacimiento, el niño debe experimentar entornos ordenados donde todo tiene su lugar.  Tratar de mantener los espacios del niño, cómo mínimo, en orden. Tener un estante para juguetes y delimitar las zonas para diferentes actividades tales como comer, jugar (área de movimiento),  y dormir contribuyen al sentido de orden del niño. Cuando el niño absorbe el orden de esta manera, desarrolla un orden interno y tiene un impulso para crear, mantener y restablecer el orden. Se convierte en parte de ellos y es  natural para ellos querer volver a poner las cosas en su lugar después de su uso.

MODELO: El niño de 0 a 6 años se encuentra en el período de lo que Maria Montessori denominó la mente absorbente. Durante este período, el niño absorbe todo en el entorno y esto incluye el entorno físico y humano. Al igual que absorben el orden en el entorno, también absorben las características que exhibimos y se convierten en parte del niño. Por lo tanto, es importante para nosotros comportarnos de la manera que queremos que se comporten. Desde el principio, podemos modelar la limpieza. Le damos tiempo y espacio al niño para jugar, pero cuando sabemos que ya terminó, podemos decirle: “ahora vamos a limpiar” o “Vamos a volver a ponerlo”. Al principio, el adulto hará la mayor parte de la limpieza, pero a medida que el niño pueda, podemos invitarlo a formar parte del proceso. A los niños les gusta ayudar cuando se les da la oportunidad. No debería convertirse en una especie de castigo y no recompensamos al niño por limpiarlo. Es solo parte del proceso de jugar. Cuando hayas terminado, guarda los juguetes.

LIMITAR MATERIALES: Es más difícil de limpiar cuando hay muchas cosas que limpiar o tantos juguetes que es difícil para el niño ver un lugar para cada cosa. Limitar el número de juguetes disponibles para el niño y la cantidad de componentes (teniendo en cuenta las habilidades del niño) lo alienta y facilita que el niño lo limpie. Incluso si el niño posee muchos juguetes, no todos tienen que estar fuera al mismo tiempo. Puede rotarlos periódicamente según la observación o incluso según un cronograma. Esto le permite al niño involucrarse más con los materiales que están disponibles. También le permite ver realmente lo que le interesa y, por supuesto, facilita la limpieza.

LIBERTAD: Es importante permitir que el niño elija con qué desea trabajar. Uno de los descubrimientos importantes de la Dra. Montessori fue que la libertad va de la mano con la disciplina. Esto también es cierto en este caso. Tratar de limitar la sugerencia para que no jueguen con algo que ellos no han escogido libremente y lo escojan por tu insistencia. Al mostrar los materiales es ideal llevarles a la estantería para obtenerlos. De esta manera, ven de dónde vienen y donde se vuelven a dejar.

CONCENTRACIÓN: cuando se les permite concentrarse en un material (especialmente uno que han elegido libremente), generalmente lo completan y lo devuelven sin ninguna indicación. Sin embargo, si se interrumpen, pueden distraerse o perder interés y pasar a otra cosa.

¿Te animas a poner todo esto en práctica?

[Via Nduoma]

 

 

 

 

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